Europa, Francia, París

Ruta de 5 días por París: Días 3, 4 & 5

PARIS RUTA 2

París ha sido uno de los viajes más intensos que he hecho y en el que he podido visitar más sitios. Si leíste Ruta por París: Parte 1 y te quedaste con ganas de conocer más, aquí te presento mi segunda parte del viaje.

Día 3: El Louvre y ¡en línea recta!

Comenzamos nuestro tercer día por la Ciudad de la Luz visitando el Museo del Louvre, uno de los museos más importantes de París y del mundo. Como el día anterior, empezar la jornada viajera pronto es fundamental. Por ser un museo tan emblemático las colas pueden ser kilométricas y las esperas se pueden alargar horas y horas. ¡Procura estar temprano!

Para entrar dentro del museo deberás atravesar su conocida pirámide de cristal y bajar unas escaleras mecánicas. Si tienes menos de veinticinco años no hace falta que hagas una nueva cola en las taquillas. Con tu DNI puedes ir directamente al control de acceso.

Louvre Museum Paris
Museo del Louvre, ¡tan impresionante por fuera como por dentro!

Hay tantas obras de arte que, si quisieras ver todo, probablemente tardarías días. Nuestro consejo es que, dependiendo del tiempo que le quieras dedicar al museo, selecciones qué es lo que más te interesa ver. En la entrada del museo coge un plano y mira en qué salas se encuentran las obras de arte que has escogido.  Nosotros nos centramos especialmente en la parte de Egipto y Grecia. La Victoria de Samotracia es mi obra de arte favorita y, por nada del mundo podía perdérmela. Hacia relativamente poco que había sido restaurada y puesta en un lugar estratégico, encima de una de las escaleras principales que te permite verla desde todos los ángulos. Si tenéis la suerte de encontrar vuestra obra de arte preferida en el museo, os recomiendo que le dediquéis unos minutos a observar cada detalle detenidamente. ¡No todos los días podéis verla en persona!

También nos interesaba bastante ver la colección de arte neoclásico que alberga el Louvre. Entre mis obras favoritas te recomiendo que admires la obra de Antonio Canova El Amor de Psique.

No se nos ha olvidado nombrar la que probablemente sea la obra más conocida de todo el museo: La Gioconda de Leonardo Da Vinci. Si vas en verano como nosotros, ten paciencia. Aunque el cuadro tiene una sala dedicada en exclusiva, son muchos los que se aglomeran para verla. Si quieres verla en primera fila tienes dos opciones: ser paciente hasta que te toque tu turno o en cuanto abra el museo correr a la sala para ser el primero en verla. ¡Tú decides!

Tras salir del Louvre el itinerario de ese día no tenía pérdida. Básicamente consistía en ir en línea recta hasta el Arco del Triunfo. Pero no seas impaciente. Antes de llegar hasta allí, hay mucho que ver.

Antes de iniciar el camino en línea recta, toca desviarse un poco. Saliendo del museo, a mano derecha, te encontrarás con el Palacio Real de París. Sabrás que vas por buena dirección gracias a su curiosa boca de metro, adornada de tal forma que parece una corona. Dentro del Palacio no puedes perderte su patio lleno de columnas de distintos tamaños.

Volviendo al Louvre, justo frente al museo se encuentra el Jardín de las Tullerias. En este Jardín encontrarás el Carrusel del Arco del Triunfo y la noria más grande de París. El Jardín de las Tullerias cuenta con unas sillas como las del Jardín de Luxemburgo, perfectas para hacer un pequeño picnic frente a alguna de las fuentes llenas de patitos. ¿Nuestro Consejo? Si quieres comer aquí coge la comida antes. Aunque hay algún puesto de comida, los precios son bastante elevados y los bocadillos no están tan buenos como los de Versalles. Nos tocó pagar las consecuencias.

Laduree Paris
Escaparate de la pastelería Ladurée

Nada más salir de las Tullerias te encontraras con la Plaza de la Concordia. Quizás no nos pareció gran cosa porque nos la encontramos en obras (toda una novedad en nuestro viaje, ¿verdad?). Desde ahí toca hacer trampas y desviarse ligeramente por la Rue Royale para llegar a la Iglesia de la Magdalena. De camino te encontrarás con una de mis pastelerías favoritas de París: Ladurée. Puede que encuentres pastelerías más económicas en París que vendan sus famosos macarons (en otras pastelerías llegué a ver cada macaron a un euro cuando aquí costaban 2,25) pero merece la pena pagar más por la gran variedad y por su sabor. Si no te gusta este dulce, te recomendamos también los croisanes.

Volviendo a la Plaza de la Concordia, avanza todo recto hasta llegar hasta el Grand Palais y el Petit Palais. Aunque nosotros no entramos,  recomendamos acercarse a ver sus fachadas (¡por suerte no las encontramos en obras!). Al lado se encuentra uno de los puentes más bonitos de París: el Puente de Alejandro III.

Arc du Triumphe París
Arco del Triunfo

Tras admirar el puente desanda el camino y vuelve a la Avenida de los Campos Elíseos. Tienes aún un camino hasta llegar al Arco del Triunfo que puedes amenizar viendo las tiendas que hay a ambos lados de la avenida. Si quieres llegar hasta la plaza donde se encuentra el arco no seas temerario. Podrás pasar por un túnel subterráneo. También, si quieres, puedes ver el arco por dentro y contemplar sus vistas. Nosotros te recomendamos que subas al arco solo si dispones de mucho tiempo y eres menor de veinticinco años (ya que así la entrada te saldrá gratis). Desde la Torre Eiffel o desde Notre-Dame las vistas son mucho mejores.

¿Aún te has quedado con ganas de más? Entonces te proponemos que te alejes del centro de París y vayas a conocer la Ciudad Financiera. Para ello tendrás que coger el metro en la estación que se encuentra al lado del Arco del Triunfo: Charles de Gaulle-Etoile hasta La Defense. El trayecto es directo cogiendo la línea 1, pero el billete tendrá un pequeño suplemento por cambiar de zona.

La Ciudad Financiera de París no tiene nada que ver con el París que has visto hasta ahora. Por todos lados se respira el aire de la arquitectura contemporánea. Solo tienes que comparar el grandioso Arco de la Defensa que te encontrarás nada más salir de la estación con el Arco del Triunfo. El Arco cuenta con unas escaleras desde que las cuales puedes contemplar los imponentes edificios. ¡No te pierdas las vistas! Para admirar todo mejor, te recomendamos que pasees tranquilamente por la avenida principal fijándote en todos los detalles.

Financial City Paris
La Ciudad Financiera, algo diferente que ver en París

Día 4: Candados y mucho arte

No puedes ir a París con tu pareja y no poner un candado. Sí, es cierto que ya no se puede poner ninguno donde empezó todo, en el Puente de las Artes. Las autoridades parisinas tuvieron que retirar los miles y miles de candados ya que había peligro de que el puente se derrumbara por el peso de los mismos. Pero eso no ha impedido que se haya buscado un nuevo lugar para colocar los candados. La nueva ubicación se haya a pocos metros del Puente de las Arte: el Puente Nuevo (Pont Neuf en francés).

Y esa fueron nuestras primeras paradas el cuarto día. Primero, queríamos contemplar con nuestros propios ojos la transformación que había experimentado el Puente de las Artes. Los candados habían sido remplazados por unos paneles con dibujos diversos. El ‘’nuevo puente’’ quizás no fuera tan bonito como el antiguo, pero la solución era totalmente comprensible.

Locks on the seine
Candados en el Pont Neuf, ¿adivinas cuál es el nuestro?

Después,  fuimos hasta el Pont Neuf y colgamos nuestro candado en una de las zonas más despejadas del puente y tiramos la llave al Sena. Es muy posible que  después de dos años nuestro candado ya no siga ahí. Pero si vas a París y lo ves, hazle una foto y enséñanoslo. ¡Nos hará mucha ilusión!

Desde el Pont Neuf queda a dos pasos (aunque a nosotros nos costó encontrarla porque estaba bastante escondida) la Sainte Chapelle. Sus vidrieras son aún más espectaculares que las de Notre Dame, puesto que estas ocupan paredes enteras.

Tras quedarnos embobados con las vidrieras, continuamos por la orilla del río Sena hasta llegar al Museo de Orsay. Aunque alberga obras impresionistas de autores tan reconocidos como Manet o Monet  no te preocupes por llegar a media mañana. No suele estar tan lleno como el Louvre y apenas tendrás que esperar cola para entrar.

El Museo de Orsay es una obra de arte en sí mismo. El Museo entero es una antigua estación de tren. Sube hasta su piso más alto y compruébalo por ti mismo. Y aunque el Orsay es más pequeño que el Louvre selecciona según el tiempo que quieras dedicarle las obras que quieres ver. Nosotros nos decantamos por admirar las obras más reconocidas de los impresionistas, como el Almuerzo en la Hierba de Manet. También dedicamos tiempo a ver la pequeña colección de cuadros de Van Gogh.

Orsay Museum
Museo de Orsay

Si el primer día no cenaste a la orilla del Sena, puedes comer al salir del Orsay allí. Y sino, también. Eso si: te aconsejamos que al igual que el día anterior hayas cogido la comida antes. Nosotros llevábamos ya nuestro picnic preparado y no tuvimos que perder tiempo en buscar un sitio donde comprar algo.

Cuando cogimos fuerzas, seguíamos teniendo en gusanillo de admirar más arte. Así que nuestra próxima parada fue también un museo. Desde el Museo de Orsay nos dirigimos por la Rue de Bellechasse hasta llegar al museo Rodin. Si el anterior museo no tenía apenas cola, en este esperamos apenas unos 10 minutos. Aunque quizás, se debiera a que el Museo se encontraba en obras y solo se podía ver el jardín del mismo. Por si acaso, te aconsejamos ir con calma.

No sabemos cómo es el interior del museo, pero el Jardín no decepciona, ya que tiene las dos obras más conocidas del autor: el Pensador y la Puerta del Infierno. Como en los museos de París puedes hacer fotos sin problemas, aprovechamos para hacer una foto imitando la pose del pensador.

Les Invalides Paris
Los Inválidos

Cerca del museo Rodin se encuentra Los Inválidos. Aquí no tuvimos que esperar nada de cola. Y con la entrada, nos dieron un gracioso gorro de papel como el de Napoleón. Tengas el tiempo que tengas, no puedes perderte la enorme tumba de Napoleón. Pero puedes ampliar tu visita como hicimos nosotros viendo el Museo de la Armada.

Después de visitar tantos museos no nos quedaba mucho tiempo. Por ello decidimos coger la línea 8 de metro desde la Tour-Marbourg hasta  Opera para ver las Galerías Lafayette.

A nosotros nos pareció una especie de Corte Inglés lleno de tiendas de lujo. Por ello es posible que si vas con el presupuesto ajustado, te de lo mismo si puedes ver allí la nueva colección de Loewe o si venden el último perfume de Dior. Pero es indispensable entrar para contemplar su preciosa cúpula llena de detalles. Si hace bueno, puedes subir hasta su terraza. Desde allí puedes ver las mejores vistas de la plaza de la ópera.

Paris Opera
Vistas de la Opera de París desde las Galerías Lafayette

Al salir de las Galerías Lafayette, dimos por terminada nuestra jornada. O casi. Sabíamos que  en esa misma calle se encontraba el Hard Rock.  Cada uno tiene sus manías y costumbres cuando viaja y una de las mías es ir a ver los Hard Rock de las ciudades a las que voy.

Si bien me pareció me pareció más pequeño y menos vistoso que otros Hard Rock que conozco (el de Madrid sigue siendo mi favorito), la comida como siempre estaba buenísima. Pedimos el único plato que sabíamos que solo podríamos probar en París: su Local Burger. Si has ido alguna vez al Hard Rock sabrás que en cada país tienen, además, de los platos que encuentras en cualquier Hard Rock, una hamburguesa con ingredientes propios del país. Y sino has ido a ningún Hard Rock es importante avisarte de que los precios son bastante elevados. Solo la hamburguesa nos costó 18 euros.

Por eso, si no te apetece darte un capricho gastronómico tan caro, te recomendamos otro local que se encuentra justo al lado del Hard Rock: el Pret a Manger. Aunque no entramos al local de París, lo conocimos en Londres y nos encantó. Puedes encontrar sándwiches y ensaladas variadas a precios mucho más económicos que en el Hard Rock.

Día 5: Montmartre y au revoir

Los días habían pasado demasiado deprisa y ya estábamos en la recta final de nuestra aventura parisina. El último día contábamos solo con la mañana para visitar la ciudad, ya que nuestro vuelo salía por la tarde. Pero aunque tuviéramos menos tiempo, no pensábamos desaprovechar ni un solo minuto.

Dedicamos casi la totalidad de la mañana en conocer el barrio de Montmartre. Para nosotros este bohemio barrio era uno de los que más alejados estaban de nuestro hotel. Por eso, aunque generalmente preferimos ir a pie, cogimos la línea  2 de metro hasta Anvers.

Bajándote en esa estación puedes comenzar tu ruta por Montmartre visitando como nosotros el Sacre Coeur, para mí la iglesia más bonita de París. Como llegamos bastante temprano (apenas eran las siete de la mañana), pudimos admirar la iglesia como si fuera una de esas postales perfectas en las que no hay gente.

Para subir a conocer el interior del Sacre-Coeur hay dos opciones: coger el funicular o subir a pie las escaleras. Nuestra recomendación es que subas poco a poco las escaleras y te deleites con las vistas. Aunque a simple vista parecen muchas, no hay tantos peldaños como en otras atracciones turísticas como Notre-Dame o incluso el Arco del Triunfo.

Mont-Martre puede ser sencillamente un barrio que eligen muchos viajeros para perderse sin rumbo. Si tienes tiempo suficiente, recorre sus calles sin prisa. Te podrás sorprender con sus plazas llenas de artistas callejeros. O con el muro de los te quiero.

Moulin Rouge
Fachada del Moulin Rouge

Y, por supuesto, no puedes irte de Montmartre sin conocer el Moulin Rouge. Con un presupuesto ajustado obviamente no vimos más allá de la fachada. Quizás por las noches con los carteles encendidos en rojo tenga un mayor encanto. Pero también te prometemos que si vas a esas horas, ¡encontrarás mucha menos gente!

Finalizado nuestro paseo por Montmartre recogimos nuestras maletas del hotel. Aunque era poco, aún teníamos tiempo para ver un par de sitios más. Para maximizar el tiempo, decidimos coger de nuevo el metro hasta la Plaza Vendôme. En esta plaza se sitúa las joyerías más reconocidas de la Ciudad de la Luz. La plaza está coronada en el medio por un obelisco que, habituados a la cantidad de obras que nos encontramos por París, no nos sorprendió descubrir que estaba en obras.

Desde allí andamos un largo trecho para llegar a nuestro último destino: el Pompidou. Este museo de arte  contemporáneo  es todo lo contrario al clásico Louvre. La estructura rocambolesca del museo merece ser admirada antes de entrar a su interior. La entrada aquí  al contrario que en otros museos parisinos sí hay que pagarla aunque seas menor de veinticinco años. Pero aunque no te apetezca pagar la entrada, te recomendamos igualmente que te acerques. La fuente de esculturas que se encuentra a uno de los lados del museo es completamente gratuita y es una pequeña muestra del arte contemporáneo parisino.

Centre Pompidou
Fuente en el exterior del Centro Pompidou

Sin querer marcharnos no nos quedó más remedio que despedirnos de la Ciudad de la Luz en ese momento y coger el tren en la estación de  Châtelet ara coger nuestro vuelo en el aeropuerto de Orly.

Au revoir, París. Aún nos quedan rincones parisinos que conocer cómo el Bois de Boulogne. O volver a sentirme cuando era niña yendo de nuevo a Disneyland. Así que sé que volveremos a vernos.

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