
Ya te adelantamos algo en nuestro post anterior “Excursión al Desierto de Merzouga: ¿en grupo o por libre?”. Durante estos 3 días de nuestro viaje por Marruecos no solo pasamos la noche en desierto, sino que hicimos unas cuantas paradas que nos dejaron con la boca abierta. En esta ocasión te contamos todo lo que vimos e hicimos tanto de camino al desierto, como cuando llegamos a Merzouga:
Día 1: Marrakech – Cordillera del Altas- Aït Ben Haddou – Valle del Dades
El primer día de nuestra excursión a Merzouga comenzó temprano. A las 8:00 de la mañana el conductor estaba esperando a todo el grupo en la céntrica plaza de Jema el Fna. Si nos hubiéramos alojado fuera de la Medina, en lugar de ir al punto de encuentro, el conductor habría pasado a recogernos a nuestro hotel.
Antes de hacer la primera parada “larga” del viaje atravesamos parte de la Cordillera del Altas. Nuestro conductor se detuvo un par de veces para que pudiéramos admirar las vistas sin tener las ventanillas del coche de por medio. No fueron más de cinco minutos, pero la verdad es que nos sobrecogió ¡No esperábamos encontrarnos con un paisaje tan verde!
Unas tres o cuatro horas después, llegamos a la famosa Kasbah de Aït Ben Haddou. Esta ciudad fortificada es conocida por haber sido el escenario de películas y series tan conocidas como Gladiator o Juego de Tronos.
Aquí nuestro conductor nos dio la opción de recorrer el Ksar con un guía o por nuestra cuenta. A excepción de una pareja, todos preferimos verlo por nuestra cuenta. Si haces esta excursión, la libertad de la visita dependerá mucho del grupo que te toque. A fin de cuentas, cuando vas con otros viajeros te toca adaptarte a lo que la mayoría quiere…Aunque no sea lo que más te guste.
En total tuvimos dos horas libres: una para ver la ciudad y otra para comer. Puede parecer tiempo más que de sobra, pero a nosotros estas horas nos supieron a poco. Nos habría gustado detenernos más y recorrer sin rumbo sus calles laberínticas. Además, como te contamos en el anterior post, no pudimos subir a la cima del Ksar.
Por cierto, para visitar el interior de Aït Ben Haddou deberás atravesar un puente que conecta con la única puerta actual de entrada. Pero antes de cruzarlo, te recomendamos que bajes el terraplén que hay al lado hasta llegar al cauce del río. Si tienes suerte como nosotros y está vacío o con poca agua, podrás llegar fácilmente hasta la fachada del Ksar. Las vistas del conjunto desde allí merecen mucho la pena.
Tras visitar esta fortaleza pusimos rumbo a la ciudad de Ouarzazate, conocida como el Hollywood de Marruecos. ¡Nada más entrar hay una curiosa rotonda con una enorme claqueta! Aquí se encuentran los estudios cinematográficos más grandes de todo el país, así como la Kasbah de Taourirt.
Habíamos leído más de una vez el itinerario de la excursión en la página de Civitatis, por lo que sabíamos que el conductor no haría parada en los estudios. Lo que no nos esperábamos era que no se detuviera para visitar el Ksar. Según ponía en el planning, tendríamos un pequeño rato para poder adentrarnos en él, pero tuvimos que conformarnos con verlo desde el autobús.
En el Valle de las Rosas, el siguiente punto del trayecto, pasó algo parecido. Este gran paisaje verde lleno de rosales se encuentra en mitad de la conocida ruta de las Mil Kasbahs y pertenece a la localidad de Kelaa M’gouna. Ni si quiera pudimos aparcar 5 minutos a un lado de la carretera, como hicimos por la mañana en la Cordillera del Atlas, para contemplar la panorámica del valle. En su lugar nos limitamos a hacer una parada (que nos pareció demasiado larga) en un bar en mitad de la carretera y a atravesar el pueblo.
Como curiosidad, en esta pequeña localidad marroquí tiene lugar el Festival de las Rosas. Se celebra durante el mes de mayo, cuando las flores se encuentran en su máximo esplendor. Dicen que el olor de estas plantas se puede apreciar en cualquier punto del Valle. Una pena no haber hecho nuestra excursión al desierto un mes antes. A lo mejor de esta forma nuestro conductor se habría animado a hacer esta parada.
Al menos estos dos lugares pudimos verlos a través de las ventanillas… Con las Gargantas del Dades no tuvimos tanta suerte. Este desfiladero es conocido por tener una carretera llena de curvas que se puede contemplar perfectamente al llegar al punto más alto. Pero nuestro conductor decidió omitir esta parada e ir directamente al hotel, en mitad del Valle del Dades.
Como te contamos en nuestro post anterior, nos alojamos en el hotel “Kasbah Auberge Tifawen”. Tenemos que admitir que la habitación estaba muy limpia y era bastante espaciosa. Además, tanto desde el balcón de nuestra habitación, como desde la terraza del hotel había unas vistas espectaculares de todo el Valle del Dades.
Tras dejar las maletas en el alojamiento, nos fuimos un poco frustrados a dar una vuelta por el valle con el resto del grupo. Descubrimos una pequeña cascada que no formaba parte de los planes de aquella tarde. Curiosa, sí. Pero habríamos preferido mil veces seguir el itinerario y contemplar la famosa carretera.
Un poco antes de que se hiciera de noche, sobre las 20:30, nos fuimos todos juntos a la terraza del hotel a cenar unos copiosos platos marroquís. No queríamos irnos muy tarde a descansar. ¡Al día siguiente nos esperaba el desierto!
Día 2: Gargantas del Todra – Rissani -Desierto de Merzouga
La noche anterior nuestro conductor nos había dicho que pasaría a recogernos a las 9:00, después de desayunar en el hotel . Por tanto, el segundo día de nuestra excursión al desierto de Merzouga nos levantamos un poco más tarde de lo que estamos acostumbrados cuando vamos de viaje. No nos cansaremos de repetir que esto es lo malo de ir en grupo: tienes que depender de otras personas y no puedes hacer exactamente lo que quieres.
Cuando volvimos a montarnos en el minibús todavía teníamos la esperanza de que nuestro conductor cambiara de opinión y nos llevara a ver la famosa carretera. Habíamos comprobado en Google Maps que desde el hotel a las Gargantas del Dades había unos 10 minutos en coche.
Pero cuando vimos que cada vez nos alejábamos más del Valle del Dades… Sabíamos que definitivamente nos íbamos a quedar con las ganas de ver este lugar Si te decides a hacer la misma excursión que nosotros y tu conductor “se hace el loco”, nuestra recomendación es que le digas a las claras que quieres ver las Gargantas del Dades. Tenemos que admitir que nosotros por el enfado que teníamos nos quedamos callados y tras volver del viaje pensamos que fue un error. Si se lo hubiéramos pedido con educación quizá hubiera cedido.
Después de una horita y algo de viaje, hicimos la primera parada de aquel día: un enorme palmeral. No, no se trataba del Palmeral de Jorf, conocido por ser una de las mejores plantaciones de dátiles de Marruecos. Pero nuestro conductor tampoco se encargó de explicarnos dónde narices estábamos parando (no se nota que en estos momentos estábamos más que molestos con él, ¿verdad?). Al menos las vistas merecían la pena y no nos detuvimos mucho en exceso.
El palmeral se encontraba a escasos 10 minutos por carretera de las Gargantas del Todra, el siguiente punto de nuestra ruta. Al contrario de lo que nos pasó el día anterior en Aït Ben Haddou, aquí tuvimos tiempo de sobra para recorrer a pie el desfiladero.
El barranco de las Gargantas del Todra es de esa clase de sitios que hay que ver en persona porque las fotos no le hacen justicia. Nos quedamos con la boca abierta al ver la inmensidad del lugar, con sus enormes “paredes” rojizas. También nos resultó curioso que había muchas familias marroquíes bañándose en el río que pasa por el desfiladero. No repararon mucho en nuestra presencia, o si lo hicieron, no lo notamos. Deben de estar más que acostumbrados a que los viajeros vayan a visitar esta zona de Marruecos.
Cuando terminamos de recorrer con calma la garganta nuestro conductor ya nos estaba esperando al otro lado con el minibús en marcha. No volvimos a parar hasta llegar a un restaurante de carretera. Ni si quiera nos detuvimos en el Palmeral de Jorf o en Erfoud, un pueblo marroquí famoso porque en él se han encontrado grandes fósiles. Nos conformamos con ver ambos lugares a través de las ventanillas, pero esta vez no nos importó, ¡estábamos deseando llegar al desierto!
Pero antes de llegar a Merzouga hicimos otra parada inesperada ese día: visitar el Mercado de Rissani. Según leímos en el planning de Civitatis, tocaba conocer esta localidad original de la Dinastía Alaoui al día siguiente. Pero imaginamos que nuestro conductor decidió alterar la ruta porque era domingo, uno de los pocos días de la semana que colocan los puestos de esta especie de rastro.
El Mercado de Rissani es uno de los mayores de todo Marruecos y el más grande de la región. Pero a nosotros personalmente no nos gustó. No sabemos exactamente si fue porque queríamos llegar ya al desierto o porque nos sentimos algo incómodos durante toda la visita. Los locales no dejaban de mirarnos como si fuéramos billetes con patas (o directamente por ser forasteros, no nos quedó muy claro). Tenemos que admitir que agradecimos que nuestro conductor fuera con nosotros por allí.
Después de caminar un buen rato por el Mercado de Rissani, volvimos a subir al minibús para poner (por fin) rumbo a la parada más esperada de todo el viaje: el desierto Merzouga.
Una media hora más tarde nos bajamos en la entrada del desierto con una pequeña mochila con las pertenencias que necesitábamos para aquella noche. No te lo hemos contado antes, pero a la Haima no se puede llevar la maleta. Pero no te preocupes. Si haces nuestra excursión, podrás dejarla a salvo en el autobús.
No tardamos mucho en subirnos a los camellos que nos llevarían hasta nuestro campamento en mitad de las dunas: “Azawad Desert Camp”. Habíamos leído que el paseo a lomos de estos animales podía resultar algo duro y largo, pero nada más lejos de la realidad. Íbamos embobados mirando el paisaje arenoso y se nos pasó muy rápido. Además, disfrutamos mucho de la experiencia. ¡No todos los días uno monta en camello!
Sabemos que este punto de la excursión puede ser algo controvertido. Muchos viajeros piensan que no está bien hacer el paseo hasta la Haima en camello. No queremos profundizar demasiado en este tema, pero quizás te interese saber que también es posible hacer el camino a pie o en quad.
Antes de llegar al campamento, nos paramos un largo rato en mitad del desierto para poder disfrutar del paisaje. Como nos pasó por la mañana en las Gargantas del Todra, tuvimos bastante tiempo para acariciar a los camellos, hacer fotos, jugar como niños con la arena, poder contemplar las vistas desde lo alto de una duna…Incluso desde allí pudimos ver el atardecer. Sin lugar a dudas, el momento más mágico de toda nuestra excursión al desierto de Merzouga.
La noche en el desierto también fue espectacular. Después de instalarnos en nuestra Haima, probamos una cena típica bereber y nos sentamos junto al resto del grupo alrededor de una hoguera. Aquí los bereberes encargados del campamento dieron todo un espectáculo con sus instrumentos tradicionales, ¡incluso nos enseñaron a tocar los timbales como ellos! Fue una de las cosas más divertidas que pudimos hacer en el desierto.
Por cierto, ya te lo contamos en el post anterior pero creemos que es necesario recordarlo: dentro de la Haima no hay baño. Para ducharte o ir al servicio hay que ir a una tienda común para todos los viajeros, más o menos como en los campamentos a los que íbamos con el colegio. A nosotros no nos supuso ningún problema. A fin de cuentas, no íbamos a estar ni 12 horas allí.
Pero si no tienes espíritu mochilero y necesitas un baño privado dentro de tu Haima, siempre puedes elegir el campamento superior. Eso sí, ten en cuenta que pagarás 50€ más solo por este aspecto. Una pareja de nuestro grupo se decantó por esta opción y, según nos contaron a la mañana siguiente, su cena fue exactamente igual que la nuestra y su fogata no estuvo tan animada. ¡Tú decides qué es lo que prefieres!
Día 3: Amanecer en el Desierto de Merzouga – Vuelta a Marrakech
Tenemos que admitir que en el desierto no dormimos casi nada. Y no fue porque la cama fuera incómoda, sino porque la fiesta con los bereberes se alargó hasta la 1:00 de la madrugada y nos pegamos un buen madrugón. Decidimos levantarnos sobre las 5:00, para poder ver el amanecer.
La mayoría de los viajeros se quedaron durmiendo hasta la hora del desayuno, pero creemos que es un error. Como te hemos dicho antes, uno no está todos los días en el desierto y el amanecer es igual de mágico que el atardecer o incluso más. ¡No puedes perdértelo!
Cuando terminamos de desayunar, nos montamos de nuevo en los camellos para volver al minibús. Este segundo paseo se nos hizo más corto que el anterior pero un poco más incómodo. El día amaneció con una pequeña tormenta de arena que nos fastidió algo la experiencia. Muchos viajeros aseguran que quieren ver este fenómeno pero créenos, ¡no es nada divertido! Sobre todo a lomos del camello. Durante todo el recorrido sentimos como la arena nos iba dando con fuerza en la cara y en el resto del cuerpo.
Tras una hora peleándonos con el viento y la arena del desierto, nos subimos en el autobús algo apenados. Insistimos en que tuvimos tiempo de sobra para disfrutar de Merzouga, pero no nos habría importado para nada quedarnos un rato más, ¡incluso con la tormenta de arena!
Este último día nuestro conductor decidió que el itinerario, directamente, no existía ¿Lo bueno? Llegamos a Marrakech antes de que se pusiera el sol, por lo que evitamos tener que callejear de noche por zonas que no conocíamos ¿Lo malo? Nos quedamos con las ganas de parar a ver ciertos lugares como el Palmeral de Tafilalet.
Además, tantas horas de seguido dentro del minibús se nos hicieron algo pesadas. Al menos pudimos aprovechar para dormir buena parte del trayecto y la otra para volver a contemplar la Cordillera del Atlas.
Sobre las 19:00 de la tarde nuestro conductor nos dejó en el punto de partida: la plaza de Jema el Fna. Al igual que el primer día, si nos hubiéramos alojado en un hotel en Hivernage, Gueliz u otro barrio de las afueras de Marrakech, nos habríamos bajado en la misma puerta del alojamiento. Pero los coches (y mucho menos los minibuses) no pueden circular por las calles de la Medina. Cuando las recorras y veas lo estrechas que son entenderás por qué.
Si prefieres continuar tu ruta por Marruecos hasta Fez, también es posible contratar tu excursión finalizando en esta ciudad marroquí. En este caso la ruta de tu último día será diferente. Pasarás por Azou e Ifrane, donde se encuentra el llamado Bosque de los Monos…Siempre y cuando tu conductor no se salte el itinerario, claro.
¿Qué te ha parecido nuestra excursión al desierto de Merzouga? ¿Seguirías el itinerario tal cual o preferirías cambiar alguna parada? ¿Tienes alguna duda sobre alguna parte de nuestra ruta? ¡Déjanos un comentario y cuéntanoslo!








